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sábado, 21 de enero de 2017




La Asociación Cultural Castillo del Águila convoca el V Concurso de Relatos de Playa Blanca como parte de la celebración del Día Internacional del Libro, el próximo 23 de abril, y con la finalidad de promocionar la literatura creativa.

En esta ocasión, por conmemorarse a su vez el quinto aniversario de la inauguración de la Biblioteca Municipal de Playa Blanca, este concurso de relato breve tiene la intención de hacer un guiño a estos lugares mágicos y cargados de significado para todos los amantes de la lectura y la escritura.

1. CATEGORÍAS: 
Infantil: Alumnos de Cuarto, Quinto y Sexto de Primaria. 
Juvenil: Alumnos de ESO y Bachillerato.
Adultos: De 18 años en adelante.

2. PRESENTACIÓN DE LOS TRABAJOS:
Los relatos podrán presentarse desde la publicación de esta convocatoria hasta que finalice el viernes 14 de abril de 2017, mediante un archivo de texto adjunto a un correo electrónico remitido a la dirección:
concursoderelatosplayablanca@hotmail.com

En el asunto del mensaje figurará V CONCURSO DE RELATOS DE PLAYA BLANCA y la categoría correspondiente: INFANTIL, JUVENIL o ADULTO.
En el texto del relato no se consignará nombre alguno, sino que los datos del autor figurarán sólo en el cuerpo del email de envío. Los miembros del jurado recibirán los textos de parte de la organización sin conocer su remitente.

3. CARACTERÍSTICAS DE LOS TRABAJOS:
Pueden participar en este concurso los residentes en las islas de Lanzarote y Fuerteventura. 
Podrá enviarse un sólo relato por autor, exclusivamente en lengua castellana, que deberá ser original e inédito, no premiado anteriormente en ningún otro concurso, ni sujeto a compromiso alguno de edición.
Independientemente del género al que pertenezca el relato, que queda a la libre elección del autor, será necesario incluir en la narración algún elemento que haga referencia al concepto de “biblioteca”.
Ya sea como contexto o escenario, como referencia puntual, como parte de la caracterización de los personajes, con mayor o menor importancia en el argumento y en la medida que el autor estime, el elemento “biblioteca” ha de estar presente.
Los relatos se deben enviar en letra Times New Roman de 12 puntos y a doble espacio.
La extensión para la categoría infantil será de entre 500 y 1000 palabras (máximo 2 caras), y de entre 1000 y 3000 (hasta seis caras) para las de juvenil y adultos.

4. FALLO DEL JURADO Y PREMIOS:
El jurado estará formado por escritores relevantes en el panorama nacional y por miembros de la comunidad educativa y cultural de Yaiza y Playa Blanca.
El fallo del jurado se dará a conocer con motivo de la celebración del Día del Libro de 2017 y será publicado en diferentes medios escritos y digitales.
Contaremos con interesantes premios para los ganadores de cada categoría.
Infantil: 1 BONO anual en el parque acuático AQUALAVA, más una videocámara de aventura, cortesía de BRICEJ CASH HOSTELERÍA.
Juvenil: 1 CHEQUE regalo por valor de 250 €, cortesía de TIENDAS ELECTRÓN.
Adultos: 1 CHEQUE regalo por valor de 300 €, cortesía del Centro Comercial RUBICÓN SHOP & FUN, más dos noches en régimen de media pensión en el hotel HESPERIA PLAYA DORADA.
Los trabajos presentados quedarán en propiedad de la Asociación Cultural Castillo del Águila para su publicación en formato digital.
Para más información, consultar la publicación Yaiza te informa, y las páginas de la Asociación Cultural Castillo del Águila y del escritor Miguel Aguerralde.

La participación en este concurso supone la aceptación de las presentes bases. El incumplimiento de una o varias de ellas descalificará automáticamente el trabajo presentado.

En Playa Blanca a 21 de enero de 2017

lunes, 28 de septiembre de 2015

Carta a la ilusión en clave de poesía

I

Nos despertamos, levantamos del sueño obligado.
Buscamos alimentarnos varias veces al día con plantas y animales que escasamente cultivamos, criamos y cazamos.
Nos relacionamos, ya poco frecuentamos las plazas de los pueblos y los barrios, a unos pocos clics ya estamos conectados.
Algo se mueve en el silencio, inquieto bajo la aparente calma del lago, remolino de corrientes, es el cambio, puro movimiento.
Compartir, comunicar, transformar.
En el jardín de los sueños se aprecia el olor de una flor, el sabor de una fruta, la brisa del océano, la sequedad de la calima.
Al despertar cada día y procurar el alimento, me falta algo, el jardín vuelve a ser sueño en parte, en parte materia a la vista de todos.
El oxígeno del árbol, la flor que se transforma en fruta, el campo regado, el olor a tierra mojada, en Playa Blanca falta algo.
El anhelo, el sentimiento, el trabajo en equipo, se expresa en la palabra, la palabra tiene algo.
Palabras como semillas capaces de crear acción, el crecimiento alimentado de luz, de aire, agua y tierra, el crecimiento da lugar a un fruto continente de una semilla germinadora de una nueva acción,una nueva palabra, sólo posible por la semilla, la palabra anterior.

II
Una inquietud despierta, en Playa Blanca falta algo, un algo que ilusione, vibra, crece y mueve la semilla, falta más poesía.
La poesía se nutre de luz, de aire, de hálitos, de anhelos, de esperanzas, superaciones, aprendizajes, aperturas de mente y rupturas de esquemas, palabras.
Acciones que se nutren de sueños, ciclos comienzan, hay un principio, una chispa que activa el proceso, adelante, comparte la ilusión, tenemos un anhelo.
Caminando por la senda del sueño se hace el camino que pisas, cada paso transforma el sueño en acción, la acción en movimiento,la ilusión como semilla y palabra crece con el tiempo, cada día más, se nutre de luz, de esfuerzo, de pasión, de incertidumbres, esperanzas, ánimos y satisfacción.
Poesías escritas, poesías enviadas.

La ilusión crece, todas las partes se han alimentado, en este caso, de la belleza en la que habitan tus sentimientos por esta isla.
El árbol ha crecido y ahí están los frutos, para alimentarnos y procurar nuevos sueños, ilusiones, acciones, para las siguientes generaciones.


miércoles, 6 de mayo de 2015

III Concurso de Relatos Cortos de Playa Blanca, "El mundo de los cuentos" Primer premio Infantil


Continuando con la publicación de los relatos ganadores, hoy toca el ganador de la categoría Infantil, que ha recaído en el relato "El mundo de los cuentos" de la estudiante de del CEIP de Playa Blanca, Llara Montequín. Esta joven escritora nos lleva a los cuentos de toda la vida y nos recuerda lo importante que es leer y transmitir el amor de la lectura a los peques.


El mundo de los cuentos

Marcos era un niño al que no le gustaba leer, ni estudiar, tampoco hacer deberes. Sus
profesores le decían a su madre que era un chico con un gran potencial pero no sabía 
desarrollarlo, sus padres pasaban poco tiempo en casa por su trabajo y él tenía
demasiada libertad para tener solo once años. Siempre que ella iba a una reunión los
profesores le decían lo mismo, cuando llegaba a casa se iba a su habitación a llorar de 
impotencia pero ese día sería distinto:



-¡Marcos! Ven a aquí - le grito su madre, dejando sus llaves encima de la mesa de la cocina.
Volvió a girar su mirada hacia las escaleras, al no sentir ningún ruido, subió al segundo 
piso y abrió la puerta de su habitación, estaba como siempre tirado en la cama jugando 
con la play , con los cascos puestos escuchando ese horror de música que él llamaba 
heavy metal, marcos giro la cabeza y vio a su madre roja como un tomate, con una 
cara de ira que nunca había logrado ver, se asustó un poco, se quitó sus cascos negros 
como el azabache, ella muy enfadada le dijo que estaba castigado y el sin mover una 
sola pestaña, le pregunto el por qué, pero ella le contesto:



-No tengo porque darte explicaciones, bueno si, estas expulsado tres días del colegio dijo 
cerrando la puerta con un gran golpe a sus espaldas pero.., aún no había acabado:



- ¡ponte a estudiar ahora mismo o lee pero haz algo ¡

Marcos se quedó solo en su habitación, rodeado de los libros de clase los cuales nunca 
había abierto ni la primera página, ya que ningún libro del colegio le gustaba, se puso a 
dar vueltas y vueltas por la habitación, cuando se iba a volver a sentar en su cama vio un 
pequeño baúl en la esquina de la habitación donde tenía guardados sus juguetes de 
cuando era pequeño, al abrirlo encontró sus viejos cuentos pero eran aburridos esas 
cosas eran de bebes además estaban muy gastados, y el muy cansado, se durmió cobijado 
entre todos los cojines y mantas que tenía tiradas por el suelo, entro en un sueño 
profundo… el mundo de los cuentos.



Estaba en un bosque muy oscuro con muchos árboles y todo tipo de plantas, había caído 
junto un agujero que parecía ser la madriguera de un conejo aunque de el salió una 
mariposa, empezó a caminar por un sendero con muchas pisadas de personas y
animales, caminaba y caminaba pero todo el paisaje era el mismo hasta llegar a un claro 
donde se veía a lo lejos un pequeño pueblo, había grandes palacios y jardines a su 
alrededor pero parecían estar muy sucios y desgastados quizás por el paso del tiempo, 
con cara de asombro siguió caminando , por sus estrechas calles pudo ver a lo lejos a 
una joven que iba acompañada de siete hombrecitos ¡ no podía ser, era blanca nieves y 
los siete enanitos, ¡Eran ellos estaban allí ¡ Marcos se sorprendió pero no le dio mayor 
importancia ya que como él decía los cuentos son de bebes, le parecían historias 
absurdas y sin sentido, cuando ya se iban acercando se dio cuenta de que estaban muy 
tristes, toda su ropa estaba sucia incluso la tiara de la preciosa princesa estaba 
destrozada, se acercó a él le miro, sus ojos estaban llenos de tristeza y no se atrevió a 
decirles ni una sola palabra se quedó sentado en una piedra viendo cómo se alejaban, 
después de unos cuantos minutos pasaron pulgarcito y pinocho seguido de los tres 
cerditos que iban de la mano de cenicienta, antes de que se fueran les pregunto qué 
ocurría, porque estaban tan tristes, ellos se acercaron a él y poco a poco todo el pueblo 
formo un corro, el príncipe azul y campanilla salieron de una esquina, comenzaron a 
hablar .


-Nos estamos muriendo - Marcos se alarmo y rápidamente pregunto el porqué:

-Desde hace tiempo, los niños ya no leen cuentos, se pasan el día jugando a las
maquinitas, hablando por el móvil y viendo la tele, como puedes ver todos somos
personajes de cuentos y ya se están olvidando de nosotros por eso estamos
desapareciendo y acabaremos muriendo.

-
De repente mientras que escuchaba lo que campanilla le decía apareció entre aquella
muchedumbre el gato con botas cuando le vio recordó que era su personaje favorito de 
cuando era más pequeño al verle se puso muy triste ya que tenía la mirada perdida, sus 
botas estaban desgastadas, su sombrero estaba rajado por todas partes y su espada le 
había desaparecido en ese momento comprendió que si seguía así todos esos personajes 
que tan buenos recuerdos le traían a la mente, desaparecerían...



-Pero eso no puede ser, no podéis desaparecer, algo se podrá hacer – grito el niño .-
claro, si todos los niños volviera a leernos volvieran a recuperar esos momentos de
lectura, quizás …..- pero cuando se disponía a contestarles todo lo que había a su
alrededor se volvió negro, entendió que tendría que volver a casa, se despertó en su
habitación entre aquellos cojines en los que hace unos minutos se había dormido se
levantó rápidamente y cogió todos esos libros que había dejado olvidados hace unos
años, los empezó a leer, aunque le costaba ya que nos se veían bien porque estaban
muy gastados y sus dibujos estaban desapareciendo, recordó lo que le había dicho
campanilla, cuando su madre volvió a entrar en la habitación, marcos ya se había leído 
todos los cuentos y ahora le estaba enseñando su favorito a su hermana, había hecho 
todo lo que le había mandado y sus cuentos volvían a tener color, ella se sorprendió y le 
dio un gran abrazo a su hijo. Desde ese día Marcos se encargaba de leerle un cuento 
cada noche a su hermana pequeña.



Llara Montequín

martes, 3 de marzo de 2015

II Concurso de Relatos Cortos de Yaiza, "Velita", 1º Premio Categoría Adultos

Hace ya un año que se le celebró el II Concurso de Relatos Cortos de Playa Blanca, y queremos volver a publicar los relatos ganadores y finalistas para animaros a participar en el III Concurso. 

"Velita" de Graciela Rodiño Vilariño fue el relato ganador de un e-reader.


Velita le llamaban a esa pelirroja delgaducha y pecosa que alegraba la vida de sus vecinos.
¡¡Velita!! La llamaban cuando la veían pasar con sus zapatillas de andar, como ella las llamaba, y un libro constantemente en las manos.
Ella siempre les dedicaba su mejor sonrisa, ya fuese a su vecina de la izquierda o al gordinflón del cartero. Velita siempre daba lo mejor de sí.

Velita y su marido habían llegado al barrio una tarde de tormenta envueltos en una lluvia torrencial que no sentía pena por nadie. Todos los vecinos se habían asomado a las ventanas alborotados por el ruido de los camiones de la mudanza. Como si se hubiesen puesto de acuerdo, salieron a la calle armados con sus botas de agua y sus paraguas gigantescos, conocedores de la crueldad de la lluvia, para ayudar a la pareja recién llegada.
Al día siguiente, Pili la bibliotecaria, a la hora del té, ya había puesto al día al resto de los vecinos de lo que había averiguado de la nueva pareja: El, alto y guapo, era el nuevo empleado del banco de la calle Michelena. Ella pelirroja y flaquita, era una ama de casa en busca de empleo como profesora particular de inglés.
A los, exactamente, 15 días de llegar al barrio, Velita, apodo que los vecinos le habían otorgado gracias a su piel translucida y su pelo rojo, igualita que una vela encendida, los conquistó a todos de una vez para siempre, acogiendo en su casa al pobre perrito de tres patas que vagabundeaba por el pueblo y que a ojos de los demás nadie quería ver delante, pero que por detrás todos alimentaban y acogían en las noches de más frío.
Tomás, le puso Velita de nombre al perro. Y Tomás le quedó hasta que murió de pena casi un año después.

-¿Velita, que te ha pasado?- Le preguntó un día Doña Juana al verle una fea marca violácea en el brazo.
-Vera Doña Juana. Es que ayer se me antojó chocolate – le contestó Velita – y como lo escondo al fondo del armario más alto de la cocina, para no caer en la tentación, usted ya sabe – le susurró en confianza – pues que no calculé bien y en un enredo de pies, me caí al suelo cual tonta.
-Ay Velita, ten mas cuidado hija. Que la semana pasada fue que se te cerró la puerta en la cara y ayer lo del chocolate. Como no tengas más cuidado, un día te romperás la crisma.- le advirtió la buena mujer.
-Si, doña Juana, no se preocupe. Tendré más cuidado. Es que soy un poco torpe.- respondió Velita entre carcajadas.
Don Ramón, que vivía tres casas más a la izquierda subiendo la calle, se levantó de la cama una mañana, un poco tristón ya que su querida hija se había ido la noche anterior de vuelta para la ciudad y volvía a estar solo. Se acercó a la ventana justo cuando Velita, puntual como un clavo, salía de su casa a las ocho en punto con sus zapatillas de andar y un libro en las manos, acompañada de Tomás.
Lo vio, a Ramón, en la ventana y le dedicó un saludo con la mano y su sonrisa de” todo  se arreglará”.
Ramón abrió la ventana para saludarla con un “Buenos días Velita” a lo que ella contestó con un cantarín “Buenos días Don Ramón, ¿como está usted?”.
-¿Le importa que luego me pase por su casa? – Siguió ella -  Verá, es que me gustaría hacerle una consulta sobre plantas ya que es usted todo un experto en jardinería.
-Claro que no me importa hija – contestó Don Ramón – Pásate cuando quieras y te prepararé un delicioso café para acompañar la charla.
- Verá Don Ramón, no me ande tentando usted con el café que sabe que no puedo tomarlo. Mejor me prepara una tilita bien dulce que ando un poco nerviosilla.
- Está bien hija, está bien.
-Pues nos vemos luego don Ramón.
-Adiós Velita. Hasta luego hija.
Que buena es esta chica, pensó Don Ramón mientras cerraba la ventana. Ayer cuando su hija se iba hacia el aeropuerto, Velita llegaba de un paseo por el supermercado cargadita de bolsas y supo que se quedaría sólo otra vez. No había duda de que la charla sobre jardinería era una escusa para hacerle compañía. Pero que buena es esta Velita.
 Don Ramón estuvo esperando a Velita toda la tarde pero la chica no se pasó. Le pareció extraño que la muchacha faltase a su palabra, pero no le dio más vueltas al imaginarse que, posiblemente, se le presentase un plan mejor, quizá su marido la había invitado a cenar.
Al día siguiente Doña Juana tocó el timbre de la puerta de Don Ramón con una tristeza inusual en los ojos.
-¿Doña Juana, que hace aquí tan temprano? ¡Pero si aún no son ni las ocho! Bueno pues ya que está aquí – siguió diciendo Don Ramón al ver que ella no le contestaba - Le enseñaré el regalo que le compré a Velita cuando fui a la capital. Es que fue verlo y saber que era para ella. Rápido, antes de que se hagan las ocho y ella salga a su paseo matinal.
-Don Ramón –le dijo Juana al fin – Don Ramón, espere – repitió al ver que él se alejaba hacia dentro de la casa.
-Hay doña Juana, la veo muy rara hoy. Parece triste ¿Que le pasa?
Doña Juana le contestó pasándole el periódico que traía.
El hombre cogió el montón de papeles que ésta le ofrecía y que resultó ser el periódico local del día.
-Lea en la página seis – le dijo doña Juana.
-Mujer, ¡pero si la pagina seis son los sucesos!, ¿que ha pasado?- le preguntó preocupado.
-Hágame caso.
-Está bien mujer.
Don Ramón buscó la página y comenzó a leer donde doña Juana señalaba:
“Teresa Sánchez – Jesús como me suena ese nombre- dijo el hombre – vecina de la calle Palmera – anda mira, pero si es nuestra calle – nueva victima de…”
De repente se calló, pues un oscuro presentimiento le sobrevino. Había dado con la persona dueña de ese nombre. Siguió leyendo para sí. No había por qué seguir torturando a Doña Juana con el relato otra vez.
A medida que iba leyendo, se le escapó algo del corazón que fue subiendo hasta los ojos y se le derramó por las mejillas en forma de lágrimas. Lágrimas de rabia, tristeza, pena y frustración.
Había pasado delante de sus narices. Delante de las narices de todos ellos y nunca habían hecho nada. Nunca habían sospechado nada. Ella no les dejó llegar a ese punto. Les había ocultado su triste historia a todos con el regalo de sus sonrisas.
Velita, la dulce y alegre Velita, había muerto a manos de su marido después de sufrir una vida en el infierno.
La vela que tanto había alumbrado a todos los vecinos, se apagó en soledad.




miércoles, 24 de abril de 2013

I Concurso de Relatos Cortos de Yaiza, "Tana", Primer Premio de Adultos


Como muchos sabréis, el pasado 20 de Abril se dieron los premios del I Concurso de Relatos Cortos de Yaiza. Ahora queremos dar a conocer los relatos ganadores. Empezaremos con el ganador de la categoría Adulta, un relato titulado "Tana", escrito por Pedro Alisedo Goycoa, un vecino de Playa Blanca que hace poco que reside por estas tierras y que nos confesó que era la primera vez que escribía. Felicidades Pedro, no dejes de escribir y te esperamos en el segundo certamen.



Tana

El mago se movía despacio sobre la tarima que hacía las veces de escenario. Se explicaba en inglés y alemán, pues ingleses y alemanes eran mayoría entre los clientes del hotel. Era nuestra última noche de unas vacaciones largamente esperadas y aplazadas siempre por mil motivos: trabajo, los estudios de nuestra hija o la delicada salud de Tana, mi mujer, que ahora seguía sus movimientos con ojos risueños y expectantes.

Mientras bajaba con alguna dificultad de la tarima fue realizando el último truco con un largo pañuelo de seda amarilla que recogió lentamente en su puño . Rondaba los setenta y vestía un esmoquin algo gastado y que le quedaba un poco grande, pero conservaba el pelo negro y un aire entre bohemio y aristocrático que le daba un atractivo misterioso. Con el pañuelo ya recogido el mago miró al público y, juntando los dedos de su mano libre, sopló sobre ellos y los abrió. Tana puso su mano sobre la mía y me miró sonriendo.
De la mano que antes escondía el pañuelo salió una paloma que voló aturdida entre los aplausos corteses del público.
- Magia!! dijo Tana encantada.
Sonreí y la miré. Conservaba todavía su belleza isleña, ahora madura, su encanto y ese aire especial de despreocupación infantil que la seguía haciendo, a mis ojos, irresistible.
- Es bueno - dije
- No, no. Es mágico - dijo ella.
Parecía decirlo en serio y yo, sorprendido, levanté las cejas con escepticismo y me encogí de hombros. Nos quedamos un rato en silencio, viendo como el mago recogía sus bártulos y disfrutando de una magnífica noche estrellada y del viento cálido del desierto.
- La magia existe caballero, ¿no lo cree?
El mago tenía la voz profunda, aterciopelada y con un fuerte acento centroeuropeo. Se acercó hacia nosotros con su vieja maleta en la mano sin dejar de mirarme. No había en sus ojos verdes una mirada seria o reprobatoria. Era más bien la mirada de un maestro dispuesto a explicar una lección.
- Todos nacemos con la magia en nuestro corazón. Nacemos en un mundo mágico, señor - El mago levantó la nariz, cerró los ojos e inspiró el aire cálido y dulzón de la isla - ¿O hay algo más mágico que el olor de la piel de nuestra madre? ¿O de la libertad de inventarse mundos únicos, particulares? Por desgracia, la inmensa mayoría de la gente pierde su magia en la niñez. Solo unos pocos siguen guardando un niño dentro. Un secreto. Solo ellos pueden hacer magia. ¿Lo comprende señor?
Le miré sorprendido y asentí amablemente.
- No, no lo comprende. Y no lo comprende porque no lo cree. Piensa deductivamente, con la mente, no con el corazón – se llevó la mano al pecho, negó con la cabeza, la agachó y , con gesto teatral, la levantó lentamente mirando a Tana. - Pero ella... me he fijado en ella. Ella guarda aun un brillo de magia. Mire sus ojos caballero.
Tana permanecía muy quieta, mirando al mago fijamente. Parecía tranquila, concentrada.
- Pero, permita que me presente: mi nombre es Karlier. Besanctus Karlier, y soy mago. Aunque éste no haya sido siempre mi nombre. A veces los hombres deben cambiar de nombre y de piel como los lagartos. Voy a demostrarle que la magia existe. ¿Usted cree que su mujer podría hacer magia? No un truco, no. Magia verdadera, real. Me refiero a algo inexplicable a la razón. Parece usted una persona honesta, un hombre de palabra. Contésteme sinceramente.
Lo miré un instante. No valía la pena mentirle ni mentirme a mí mismo.
- No lo creo – dije.
- Perfecto. ¿Podría tomar asiento?
Asentí y le indiqué la silla frente a nosotros. Se sentó despacio sin dejar de mirar a Tana.
- ¿Su nombre? - le preguntó.
- Tana.
El mago sonrió y afirmó con breves movimientos de cabeza, como si no hubiera esperado otro nombre más que ése. Sacó una baraja del bolsillo.
- Tome esta baraja. Como verá está precintada. Se trata de una baraja francesa. Cincuenta y dos cartas distintas. Cuatro palos: corazones, tréboles, diamantes y picas. Ábrala, por favor, compruebe que así es, baraje y corte.
Tana cogió la baraja con las dos manos. Abrió la caja de cartón y arrancó el precinto. Puso las cartas boca arriba y ambos comprobamos que era una baraja normal y corriente, con todas sus cartas. Después Tana barajó a conciencia. Cuando le pareció suficiente dejó la baraja ante sí, cortó y miró al mago.
- Esto será muy sencillo. Ahora solo tiene que imaginar, “sentir” una carta. Verla.
Tana cerró los ojos. Por un instante me pareció dormida.
- Ya está – dijo.
- Ahora coja el mazo y extiéndalo en abanico delante de usted.
Tana extendió las cartas despacio, parándose a colocar mejor algunas con las yemas de sus dedos.
- ¿Cual es la carta que ha imaginado?
- El dos de corazones.
- Magnífico!!. Ahora piense dónde está la carta, sáquela y colóquela bajo la palma de su mano.
Tana no pareció dudar, sino “buscar” dónde se encontraba la carta. Movió la mano por encima de la baraja apenas un par de segundos y escogió una carta que separó delicadamente de las demás.
- Ahora, Tana, dele la vuelta a la carta.
Tana me miró y sonrió con su sonrisa más traviesa ;volteó la carta despacio y allí estaba...EL DOS DE CORAZONES!!
El mago aplaudió sordamente mientras sonreía y Tana estallaba en un gritito infantil llevándose las manos a la boca. La mía se mantenía abierta en una expresión bobalicona mientras miraba al mago primero y después a Tana.
- Increíble – dije asustado – pero... pero ¿Cómo diablos lo ha hecho?
- Yo no he hecho nada señor- dijo mostrándome las palmas de sus manos – Ha sido ella, Tana. Ha sido capaz de usar algo que guardaba en su corazón desde hace mucho tiempo. Ella “sabía” que podía hacerlo. Es simple.
Apoyé los codos en la mesa y me llevé las manos a las sienes. Aquello era inexplicable. Tana no podía saber donde estaba la carta, y en cuanto a casualidades, bueno, yo no creía en ellas. ¿Posibilidades? Una entre cincuenta y dos. No, no era posible, y sin embargo ocurrió.
- Vamos caballero, no busque más explicaciones. Es todo de una sencillez apabullante, primitiva, infantil. Solo magia – El mago se recostó en la silla y cruzó las piernas – Ahora Tana hará algo más difícil, más personal. ¿Tiene usted un pañuelo, por favor?
- Eh..sí, sí, claro. Aturdido, busqué en mi chaqueta hasta encontrarlo.
- Bien, muy bien - dijo el mago – Ahora, Tana, vuelva a poner la carta boca abajo, coja el pañuelo y extiéndalo por encima. Así, perfecto. Ahora coloque su mano sobre el pañuelo. Bien, lo que quiero que haga ahora es que cierre los ojos y vuelva a los olores, al tacto, a los sonidos de su niñez. Quiero que recuerde la magia, “su” magia, y que escoja un objeto que la represente. Un objeto donde pueda guardarla, donde puedan concentrarse su mundo mágico y sus sueños.
Tana cerró los ojos, echó la cabeza ligeramente hacia atrás y puso su mano sobre sus labios. Pasaron un par de interminables minutos. A veces sus dedos temblaban ligeramente y me empecé a preocupar. Miré al mago, pero éste me hizo un gesto tranquilizador con la mano. De repente, Tana habló con una voz un poco ronca.
- Ya viene
Entonces se relajó. Resopló moviendo la cabeza de un lado a otro, sonriendo, como una niña que acabara de superar una prueba difícil, una adivinanza.
- Ya está, mira – me dijo.
Levantó el pañuelo con dos dedos y descubrió una piedra verde, pulida y rectangular: UNA OLIVINA DE LA ISLA!!!. La acercó a sus ojos y la miró a contraluz y luego la apretó fuerte en su mano. Yo no salía de mi asombro, no era capaz de articular palabra alguna.
- Bueno Tana - dijo el mago – esa es tu piedra. Ahí está tu magia. En ella podrás encontrar recuerdos de un mundo en el que viviste hace tiempo. Te ayudará. Ahora debo irme. Ha sido un placer conocerles.
Se levantó lentamente, me saludó con una inclinación de cabeza y besó la mano de Tana, que respiraba con la tranquilidad de alguien que ha recuperado algo muy valioso. Cogió la maleta y comenzó a irse, pero pareció dudar por un momento y se volvió.
- Ha escogido usted la carta del amor. “Les deux coeurs”, los dos corazones!! Pero algo me dice que hay un tercer corazón, un corazoncito que viene de camino. Debería mirar otra vez la carta.
Tana se quedó paralizada por un momento, entonces, poco a poco fue asomando a su rostro una sonrisa de felicidad. Se levantó y abrazó al mago y lo besó en ambas mejillas mientras las lágrimas cubrían su cara. Después volvió a sentarse y volteó la carta de nuevo y … EL TRES DE CORAZONES!!
Antes de cruzar la puerta el mago se volvió de nuevo, juntó los dedos de su mano y, soplando sobre ellos, los abrió como si fueran fuegos artificiales.
·         Ha sido increíble, increíble. No entiendo nada – dije.
·         Bueno, él ya lo ha explicado todo – dijo ella tranquila.
·         ¿Y qué es eso del tercer corazón en camino? Tú ya no puedes...
Tana me acarició la mejilla.
- Pero que bobo!. Vamos a ser abuelos!!

Al día siguiente, al regresar a casa, llamó Beatriz,nuestra hija. Estaba embarazada. Tana habló con ella largo rato, la tranquilizó y le transmitió ilusión y confianza. Yo seguía aturdido y confuso. Llamé al hotel para intentar localizar a Karlier. Necesitaba explicaciones, algo racional a lo que asirme. Me dijeron que ya no estaba: aparecía y desaparecía por temporadas, algo que me pareció natural en un hombre tan enigmático.
Tana predijo que el bebé sería una niña. Al parecer se lo transmitió la piedra. La olivina jugó a partir de entonces un papel importante en su vida. Cuando su salud fue empeorando la veía a veces, muy debilitada ya, sentada en su sillón y tapada con una manta, sostenerla frente a sus ojos sonriendo. Creo que le ayudó a dejarnos, de alguna manera, con más sosiego y naturalidad.


Años después acompañé a Beatriz y a nuestra nieta a un congreso en Praga en calidad de abuelo para todo. Mi yerno, por razones de trabajo no se pudo hacer cargo de la pequeña, y mi hija insistió tenazmente en que las acompañara para sacudirme la melancolía que amenazaba con consumirme. Así que me dispuse a adaptar mis pasos a los pasitos de la pequeña para descubrir la anciana y encantadora ciudad a través de los ojos y las sensaciones de una niña.
Una tarde, recorriendo las estrechas calles de la ciudad vieja me topé con un cartel frente a un antiguo café que anunciaba: “Koulzelnická Show!!”, Espectáculo de Magia!!, y debajo, en letras rojas: B.S. Kharlyer. El corazón me dio un vuelco, faltaban horas para la actuación, pero tuve la intuición, la certeza más bien, de que era él y estaría allí, y sin pensarlo dos veces arrastré a mi nieta adentro.
El interior estaba oscuro y sin clientes. Los últimos rayos de sol que se colaban por los cristales emplomados rojos y azules creaban en la penumbra un ambiente mágico e irreal. La silueta de un hombre se recortaba contra la luz de la última ventana, sentado frente a una pequeña mesa. Me acerqué despacio con mi nieta cogida de la mano. La niña, que había protestado con mi repentina carrera, parecía encantada ahora con los reflejos de colores y los pequeños floreros de cristal de Bohemia con siemprevivas que adornaban las mesas.
Levantó la vista y me reconoció al instante. Estaba más viejo y más delgado y seguía vistiendo su ajado esmoquin, pero conservaba su pelo negro y su mirada penetrante.
·         Oh, caballero, que sorpresa!!
Se incorporó para estrecharme la mano. Mientras lo hacía no dejó de mirarme a los ojos, y pareció saberlo todo. Todo lo que había pasado en el tiempo transcurrido desde la noche del hotel, los momentos felices y los tiempos tristes, mi soledad incurable, irremediable. Me apretó firmemente la mano y me estremecí al sentir en la mía un calor entrañable y reconocible.
·         Lo lamento.
·         Gracias – respondí confuso.
·         Pero siéntense, por favor. ¿Que le trae por esta apasionante ciudad?
·         He venido a acompañar a mi hija a un congreso.
·         Y bueno, supongo que esta jovencita tan fascinante que le acompaña es su nieta, conozco esos ojos verdes. ¿Como te llamas querida?
·         Aday. ¿Y tú? - la pequeña lo miraba curiosa y tranquila.
·         Yo tengo muchos nombres – me miró con picardía – porque soy un mago. Dime Aday, ¿Te gusta la magia?
·         Claro – respondió ella – A veces juego a hadas y hablamos.
·         Que maravilla!!.
Aunque se dirigía a la pequeña, me miraba a mí. Sabía que el destino o lo que fuera me había llevado hasta allí buscando algo incomprensible para mí, inaprensible. Apoyó los codos en la mesa, emparejando los dedos de sus manos y volvió a mirar a la niña.
·         ¿Quieres jugar a magia conmigo Aday?
·         Sííí– Aday se puso de rodillas en la silla y juntó sus manitas imitando el gesto serio del mago.
·         Bien. Coge una servilleta del servilletero, levántala con los dedos y ponla delante de ti.
·         ¿Así?
·         Perfecto. Ahora tápala con las manos y piensa en algo mágico, un tesoro, que te gustaría tener – hizo un gesto con la palma de su mano al frente- pero no lo digas!!. Ah, y tiene que caber en tus manos. ¿De acuerdo?
·         Vale.
Aday tapó la servilleta con las manos, cerró los ojos con fuerza,apretó los labios e inclinó su cabecita sobre la mesa. Un mechón de pelo rubio le cayó sobre la cara y reflejó los tonos multicolores de los cristales de la ventana.
·         Ya – dijo sonriendo.
·         Veamos – dijo el mago.
Aday apartó la servilleta y nos mostró en su mano una piedra pequeña, verde y pulida.
·         Una piedra mágica!!
Esta vez no me pregunté nada, ni siquiera me sorprendí. Sólo “sentí”. Cerré los ojos y comprendí que no debía comprender. Vi a Tana mirándome serena, escuché su risa cristalina y noté sus manos mientras apretaba con fuerza en mi bolsillo su olivina y sentía su calor reconfortante.



Pedro San Ginés, Syra Jimenez-Pajarero y Cristina Temprano
leyendo el relato de Tana durante la entrega de premios
en la II Feria del Libro de Playa Blanca